sábado, 24 de junio de 2017

De la A a la X


1. De realidades, dimensiones y otros temas vacíos


Existen múltiples teorías acerca de las universos y las dimensiones paralelas. Miles de interpretaciones sobre la realidad, sobre lo que percibimos como el mundo real, aquel en el cual nos encontramos y se encuentra absolutamente todo. No existe consenso a la fecha entre los entendidos en la materia sobre cuál es la más certera definición y/o concepción siquiera de la realidad; ni de esta, ni por su puesto de alguna otra posible. Algunos teóricos afirman que realidad es un todo. Todo lo que podemos ver, observar y percibir. Dejando de lado aspectos extraterrenales y no comprobables, llámese religión, espiritualidad o lo que sea. Otros aseguran que este aspecto sobrenatural es parte de esta misma realidad, otros, que pertenece a otra totalmente distinta. Algunos más atrevidos afirman que nuestra realidad en realidad no existe y es meramente un producto del azar, una casualidad cósmica aunada a fenómenos que escapan completamente a nuestro entendimiento y que jamás comprenderemos. Nuestra realidad existió nada más que por una fracción de segundo.
Yo personalmente creo en la realidad como la unión de todas las percepciones sobre esta que las personas, sociedad, gente o muchedumbre tiene. Para mí, es una construcción mental en la que estamos inmersos desde siempre. Nunca fuimos fetos. Nunca nacimos. Nunca crecimos. Nunca nos desarrollamos emocionalmente, nunca logramos conocer las bondades del mundo y todas esas bazofias. No realmente, claro.
Jamás salimos realmente al mundo.
No sé exactamente dónde estamos en realidad, ni es mi intención saberlo, pues esta “pseudo realidad” en la que situamos nuestras vidas es lo suficientemente real como para que temas como el citado no importen al fin y cabo.
Después de todo, nuestra existencia tiene importancia solo para nosotros mismos. Me refiero a la existencia de cada uno como individuo. Si realmente, en el fondo no nos importa la existencia de los demás, el hecho de que si existe algo más allá de nuestra realidad, algo que sí puede interactuar con el mundo real, y a este organismo le importemos, es irrisoria.
Somos realmente miserables, y nunca dimensionaremos realmente a qué grado.

1.1                  Teóricos mis polainas

A pesar de enfrentarnos a un tema de complejidad superlativa, de complejidad máxima, no está exenta de diversos teóricos de casa, que sin estudio alguno se han aventurado a encontrar, ya sea por iniciativa propia o por razones de fuerza mayor que escapan a su propio entendimiento, el significado de realidad; que es nuestra realidad, nuestra dimensión (acuñando incluso un mismo significado para realidad y dimensión).

Durante el siguiente ensayo, escrito, blog o lo que sea, expondré algunas de las teorías sobre nuestra dimensión que, hechas por personas sin estudio alguno en la materia, han despertado el mayor interés de los científicos y hombre especializados. Ya que si bien existen una gran cantidad de teorías basura, hay otras que sorprenden y destacan por su gran lógica. ¿Estaremos ante los próximos genios de nuestra sociedad? ¿Será posible que alguno de estos hombre sin absolutamente nada mejor que hacer haya encontrado el sentido final e inequívoco de nuestra existencia? Si algo podemos asegurar, es que la mayoría de las respuestas a estas interrogantes es un no. Un rotundo no. Pero vale la pena al menos echarles un vistazo.

2. Que va de la concepción del hombre

2.1                  Inquietudes inusitadas

Desde hace tiempos inmemoriales el hombre ha tratado de explicar su origen. No es ninguna sorpresa que las primeras teorías concebidas por los seres humanos sean en esta materia, teorías orientadas hacia la concepción del hombre, del porqué de nuestro universo, de todo lo que conocemos. Como una suerte de propósito personal netamente arraigado al sentimiento de soledad y el miedo a la inmensidad de lo desconocido, nuestra especie se ha esmerado de sobremanera en descifrar qué diablos hacemos aquí, por qué estamos aquí y no en otro lado. Quien se beneficia con nuestra existencia. La primera teoría que nombrare, propuesta por un hombre al que ya no recuerdo de un lugar que probablemente nunca existió, hace referencia a este i9nstinto mas que primitivo y arcaico de encontrar nuestro origen y nuestro propósito; y no solo el nuestro, si no el de todo lo existente en esta realidad. Como preámbulo, es menester indicar, y más que indicar decir fríamente, que la mayoría de las teorías representan explicaciones que a la mayoría de las personas las harían romperse, les quebrantaría el espíritu y dejaría completamente vacía ante la posibilidad de una verdad aterradora y que rehúye de su comprensión.
Así pues, la primera teoría que presento dice que no existimos. Sin mayores vueltas. Nada es real. Absolutamente nada de lo que conocemos existe en verdad. Todos nuestros actos carecen de importancia, las relaciones humanas son mera ficción, tus seres queridos no existen en realidad. Jamás naciste, jamás morirás. ¿Qué hacemos aquí? Nada. ¿Por qué estamos aquí? No lo estamos en realidad. ¿Quién se beneficia con nuestra existencia? Nadie.

2.2                  Crónica de una locura anunciada

Parece algo descabellado, algo que borda la locura. Pareciera que es una mala broma jugada por un payaso de esos que te aterran cuando eres niño, aquellos que a pesar de tener plena conciencia en que son personas igual de patéticas que tú, tienen la potestad de consumir tu alma y llevarte a un mundo donde estarás solo. Sin embargo, para el teórico que ha concebido esta idea, es algo totalmente natural y que se veía venir, según sus propias palabras. Argumenta que el hecho de no tener respuestas claras para nuestro sentido en este universo, esta dimensión, termino por mermar seriamente su fe, primero en la religión, luego en la especie humana y finalmente en su propia existencia. Decía sentirse totalmente vacío, falso. Ahí fue cuando considero su “no existencia”. Al principio fue una idea, dice el hombre. Con el tiempo, esa simple idea se fue transformando en una molesta piedra en el zapato. No podía concebir el sueño. No podía pensar en su familia, la gente que había amado era cada vez menos real, todo se desvanecía poco a poco. Todo y todos perdían sentido a medida que el tiempo pasaba. El tiempo. El tiempo ya no existía para él.
Su vida, la que hace poco tiempo había condenado al fracaso ante el inminente sin sentido de la realidad en que vivimos, se le transformo en un suplicio, en una tortura peor que la muerte. Se sentía solo estando rodeado de gente a cual había amado toda su vida y ya, cuando más los necesitaba, no estaban ahí, no realmente. Su existencia descendió por un torbellino de desgracia tras desgracia de cual se rehusaba a salir, pues argumenta no tener sentido alguno resistirse a nada de lo que de allí en adelante ocurriera, solo la muerte podría acabar con sus predicamentos. O al menos eso pensaba él. Su vida, si es que se lo podía aun llamar de esa manera, estuvo a punto de asesinarlo. Digo a punto porque se dio cuenta a tiempo (a tiempo para su familia) que dejar de ignorar aquella idea concebida hace un tiempo. Aquella que banalizaba hasta el grado más mínimo a su familia y a él mismo. Solo cuando el hombre por fin acepto que él no existía, encontró cierta paz. No dejaba de sentirme vacío, decía, pero ya no afectaba. Siguió disfrutando con su familia aunque no fuera real.
Hizo su tétrica teoría parte de su vida. Ahí es donde decide compartirla con el mundo, un mundo que lamentablemente no estaba preparado para ella.
Un 25 de diciembre de un año que no recuerdo, el hombre fue asesinado por fanáticos metalo-religiosos furiosos por sus ideas anticristianas que según ellos mismo incitaban a una catástrofe de proporciones bíblicas.

Hay que darse el tiempo para analizar un poco esta teoría. Aunque existe una gran posibilidad de que el hombre solo haya inventado sus síntomas y todo esto sean solo estupideces, la comunidad científica aun no logra demostrar por qué el hombre estaría, hipotéticamente, equivocado. No hay factores en la teoría que se puedan demostrar como falsos al tener esta tan poca base científica.
No solo por su particularidad científica es importante esta teoría.
Lo cierto es que esta fue una de las primeras en este estilo, según muchos, sentó las bases para las próximas ideas, y su teórico, fue por supuesto un precursor y a la vez mártir para muchos otros llamados desquiciados por la sociedad. Fue la primera en establecer sin temor que nuestra dimensión no existe y de paso nuestra realidad tampoco. Una idea que se repetiría por incontables teóricos en los años venideros a su concepción.

3. De la A  a la X

3.1                  El feliz mundo de la escuela

La siguiente teoría nos remonta al año 1997. El entorno de esta teoría parece sacado de la más cruenta película de ciencia ficción, del más mórbido antro de penurias. Del más perturbador video de Dross. Por razones obvias, omitiremos solo por esta vez el nombre del teórico que pensó esta aberración, ya que aún se encuentra con vida, increíblemente. Sin rastro alguno de cordura, pero vivo.
El hombre, a quien nombraremos como X, era un profesor de educación básica. Un empleo común, una vida común; casado y padre de dos hijos. Nunca fue muy alegre, recuerdan sus cercanos, pero tampoco era un tipo antipático o excéntrico como lo quisieron ver después. Era un hombre común y corriente. Datos que solo le dan a lo posteriormente acontecido, connotaciones más que horridas. Si tan solo su familia hubiera notado algo, si hubieran notado que algo no andaba bien con X, este tal vez habría terminado sus días de otra manera.

3.2                  El insecto en el parabrisas, acto I

Era la época de pruebas en el establecimiento donde se desempeñaba como docente. Ansiedad, tensión, nerviosismo. Por aquellos días se decía que el aire se podía cortar con una navaja. Cercanos se aventuran a decir que esto influyó mucho en los acontecimientos posteriores .Pero X era un hombre bastante responsable, de esos que no dejan nada para último momento y que prefieren tener su vida lo más controlada posible, personalmente creo que esto sí que fue un detonante para lo venidero.
Como buen profesor, casi una semana antes del final del año ya tenía todas las notas puestas. Cada examen había sido correctamente revisado y corregido con precisión milimétrica por X. Quedaban dos semanas para el fin de las clases y, salvo los exámenes de los muchachos que habían faltado, el año había acabado para él. Por fin, después de mucho tiempo, después de incontables horas en el aula, no tenía nada que hacer. Dicen sus cercanos que esta desocupación fue un golpe horrible para X.
Así pues, el viernes 21 de noviembre, X salía de la escuela hacia su auto, poniendo fin a su jornada laboral semanal. Se despidió del portero deseándole buen fin de semana como acostumbraba todos los viernes. Cruzó al estacionamiento de enfrente, donde estacionaba todos los días su auto e imitando a malas ganas el día anterior, se subió al auto y posterior ritual de encendido, manejo hacia su casa. Esa tarde estaba particularmente oscura, para ser recién las 7 de la tarde, diría posteriormente X, cuando aún podía articular palabras.
X tenía frio. No recordaba que su automóvil fuera tan helado. X era una persona que calculaba cada acción que pensara realizar. Jamás hacia las cosa sin pensárselas dos veces, incluso algo tan simple como dar la calefacción de su vehículo, representaba para X motivo de análisis, los pro y los contras de semejante acción. Sin despegar en momento alguno los ojos del camino oscuro que lo separaba de su familia, X pensó cual era la probabilidad de resfriarse en aquella época del año, su esposa le daría un buen sermón si enfermaba antes de sus inéditas vacaciones. El camino se le hacía más oscuro.
Deben ser altas, conjeturó.
Por otro lado, la calefacción nunca lo había calentado realmente y, mientras las calles comenzaban a desaparecer ante sus ojos para dar paso al campo, pensó si realmente servía de algo su calefacción.
Cruzando un pequeño puente fue cuando por fin comprendió la poca importancia que su decisión tenia y prendió la calefacción, en el máximo de su capacidad.
Al avanzar más y más, la condensación empaño sus vidrios. Obviamente, dijo X. Con un ojo puesto en el camino y otro en la guantera, comenzó a hurgar en esta con su mano derecha con la esperanza de encontrar alguno de los muchos pañuelos que su esposa guardaba ahí, mientras que con la izquierda mantenía el manubrio, mano con la que según él, no tenía habilidad alguna para manejar. Le costó más de lo pensado encontrar algo que le sirviera para limpiar los vidrios. De hecho no encontró nada, y, a riesgo de ser tildado de tacaño, desempañó el parabrisas con la muñeca de su chaqueta, regalada por su hijo, según cuenta.
Al ver el camino, pensó en lo mucho que sus pensamientos lo habían absorbido y de lo lento que paso el tiempo. De lo oscuro que se había vuelto la tarde, a esas alturas ya noche, en tan poco tiempo.
Ensimismado en sus pensamientos, X volvió a la realidad cuando un mosquito reventó de manera estrepitosa en el parabrisas, justo frente a él. Era un espécimen raro, azul de cuerpo y negro de sangre, hace énfasis X. Después del correspondiente análisis en su cabeza, X decidió limpiarlo en ese mismo instante. Le pareció buena idea porque ya había entrado en la carretera y no había autos a la distancia. Se permitió despegar un momento los ojos del camino. Miro hacia su izquierda para ver por la ventana y posteriormente bajarla, estirar la mano hacia adelante y limpiar el parabrisas, ya lo tenía planeado. Es un ejercicio simple, pensó. Pero antes, vio que su vidrio lateral estaba empañado también, obviamente, reitero X. Tal vez fue el azar, tal vez sus encarecidas conjeturas mentales, que lo llevaron a limpiar el vidrio antes de bajarlo para después quitar el insecto. Si hubiera sucedido algo distinto en su cabeza, tal vez nada de lo posterior hubiera pasado.
X alzó el puño para limpiar el vidrio. Partió desde abajo. Frotó en círculos la superficie transparente. Fue subiendo hasta la altura de sus hombros, todo esto sin despegar aun la mirada del frente. Llegó a la altura de su cara y más arriba. Listo, pareció decir X.
Miró nuevamente al vidrio para ver si quedaba algo por limpiar y bajarlo.
Pero todo pareció sin importancia cuando se dio cuenta que su reflejo en el vidrio continuaba con la vista al frente. Y el tiempo se detuvo.

3.3                  El tiempo no se detuvo

Se quedó paralizado. El tiempo pareció dejar de correr para él. Pasaron segundos antes de volver si quiera a respirar. Un sudor helado le recorrió la espalda desde arriba hacia abajo. Le comenzó a escocer el cuerpo ante la transpiración broto como queriendo huir corriendo de su cuerpo. Mientras su reflejo, como una jugarreta de mal gusto, seguía sin mirarlo. Hasta que de pronto, esta le lanzó una mirada de terror, una mirada que transmitía desesperación, una mirada que lanzaba un grito que rompió los oídos de X, que rompió su alma y lo hizo olvidarse de absolutamente todo. Lo dejó aterrado. Una luz cegadora apareció de frente. Una bocina. Un camión. Una colisión.

3.4                  El holandés errante

“Tenía los pantalones orinados”. Con esas palabras X despertó. No tenía idea donde estaba, no tenía idea quien había dicho eso. No tenía recuerdos ni siquiera de su encuentro con su reflejo. Le dolía todo. No podía ni abrir los ojos, en sus propias palabras. Parecía que lo hubiera arrollado un camión. Cuando hubo recuperado su conciencia, se reencontró con su esposa, el doctor le explicó que paso y que fue eso de los pantalones. En síntesis, de milagro no estaba muerto y aún más milagrosamente no estaba inválido. Las vacaciones que había planeado canceladas. Sus hijos tristes por ver a su padre postrado en un hospital, lleno de yeso, vendajes y cables. Pero al fin y al cabo es mejor que estar muerto, se dijo.
El tiempo pasó. El recuerdo de su accidente y que lo provocó pareció haber sido totalmente suprimido de la mente de X. A los dos meses parecía que todo iba bien, su familia lo visitaba constantemente y mucha gente conocida durante su labor en la escuela le enviaba regalos y muestras de apoyo. No estaba solo. Para nada solo.
A los tres meses ya podía volver a su casa. Como era costumbre, pensó detenidamente si era prudente tomar una decisión que a todas luces le parecía apresurada. La piel de sus brazos y torso estaba tan pálida como antaño, le recordó por momentos aquellos días en que conoció a su esposa. Estaba al borde de caer nuevamente en el abismo de los pensamientos sin fin y por qué no, a punto de recordar la terrorífica noche del accidente, cuando por la puerta de la sala en donde se hallaba hospitalizado entraron con apremio estruendoso sus dos hijos.
No le basto más para decidir. Volvería a su casa.
El cambio le costó. Adaptarse a una habitación a la que había estado varios meses sin entrar siquiera le costó más de lo que el mismo había premeditado. las lámparas de a cada lado de su cama matrimonial le parecían de un tono horrendo, preguntaba constantemente por qué compramos algo así, recuerda su esposa. Con frecuencia frenética despotricaba acerca del rechinido de las puertas, no solo de las su dormitorio, si no de las de toda la casa. Si bien era innegable que a estas les faltaba algo de aceite, no se condecía para nada con las insoportables vociferaciones que X lanzaba por su hogar, a niveles tales que su esposa lo debía hacer callar cuando esto ocurría frente a sus hijos. El color de las cortinas, aquellas que habían permanecido en esa casa prácticamente desde que ellos vivan en ella, le parecieron de pronto horribles. Pero no terminó allí. Que la televisión era demasiado grande, que la radio demasiado pequeña, que la ducha ya no calienta como antes y un sin número de quejas tras quejas empezaron a hacer de la estadía de X en su propia casa algo insostenible. Pero las cosas tomaron un nuevo nivel cuando una tarde de sábado, la esposa de X volvió de hacer unas compras y encontró a este en el baño quitando las baldosas de la pared izquierda a puta de martillos, espátulas y otras herramientas que hacía años no desempolvaba. Parecía que estuviera buscando algo escondido detrás de esas baldosas, dice su esposa con nostalgia. Su afán por quitarlas era tan fuerte, tan errático y desesperado, que la esposa tuvo que cerciorarse varias veces de que su marido no estaba bajos efectos de alguna droga o del alcohol. Si bien hacía tiempo que X no consumía una sola gota de alcohol, su comportamiento sembraba muchas dudas en su esposa. Y realmente esta preferida que fuera por alcohol antes que el desfile de posibles drogas que pasaban por su cabeza que podrían haber producido un efecto similar en su marido.
Cuando aún le quedaba un mes de reposo a X, su esposa decidió que la mejor decisión era cortar la toxica relación entre su marido y su casa de manera definitiva. Por su puesto, X, quien como acostumbraba, había pensado muchísimo sobre el tema, y, al tratarse de algo tan delicado lo había pensado el doble, se negaba rotundamente a la idea, argumentando que el sobrepondría a la situación y que hallaría la forma de volver a reencontrarse con ella. Decía que no era bueno para los niños haberlos despedirse de sus amigos del barrios por problemas que acarreaba el. Sin embargo, a su esposa no le parecía conmover en lo más mínimo nada de esto. Se sentía responsable por su familia en ese momento y debía tomar la mejor decisión posible. Sus hijos podrían hacer nuevas amistades, pero su marido no podría continuar su vida si su propia casa lo estaba volviendo loco.
La decisión ya estaba tomada. Se irían de allí

3.5                  Después, olvidaré

De a poco la vida de X se tornó de un color rojizo. Para el la culpa siempre fue de ese color. Siempre lo relacionó con los tonos rojizos que uno puede encontrar en una iglesia que, aunque no era especialmente un hombre religioso ni menos apegado a dios, siempre le parecieron lugares fascinantes.
Aquellos momentos con sus hijos que disfrutaba más que nada en el mundo, ahora lo hacían pedazos por dentro. No podía soportar la idea de que los cambios inminentes que se avecinaban eran producto suyo, todo era su culpa. Que sus hijos tuvieran que alejarse de sus amigos de la infancia le partía el corazón. Que su esposa tuviera que cargar con todo el peso de la casa y la familia lo afectaba aún más. Se sentía inútil. Sentía que no encajaba más en su propio hogar.
Antes de caer en una depresión, acordó consigo mismo no pensar más en ello hasta haberse recuperado totalmente y volver a trabajar. Aunque era tarea nada fácil, trato de hacerlo lo mejor posible.
Así pasaron los días y el éxodo de X y su familia hacia otra casa se acercaba. Si bien no eran días buenos, tampoco eran precisamente malos. Parecía que el hecho de aceptar la vida que estaba llevando, le había aliviado un poco esta a X y de paso a sus queridos. Todo parecía llevarse con cierta calma. Pero esta se rompería de la manera más horrida.
Una noche, una de las ultimas que la familia en esa casa, una de esas noches que parecen eternas, X no conciliaba el sueño. Nada extraño a esas alturas para él. Los pensamientos sobre todo lo que había pasado anteriormente lo atormentaban con mayor fuerza en la noche, en la oscuridad.
Tras vuelta y vuelta en su cama, resolvió bajar al piso de abajo, a su cocina, a comer algo. Se preparó un emparedado de queso y se sirvió leche en un vaso. Trato de recordar de donde había salido ese vaso pero fue inútil. Si bien lo conocía, no sabía de donde había salido. Algún amigo en alguna fiesta, pensó.
Con entusiasmo sacado del sombrero, devoró el emparedado y trago el vaso de leche a velocidad extrema. Se limpió la boca con agua del lavaplatos y lavo ahí mismo los trastes que ocupó.
Cuando se dio vuelta para volver a las escaleras, levemente, con el rabillo del ojo, vio su reflejo en la ventana. Le pareció que algo andaba mal con él. Una segunda mirada le comprobó que no había nada extraño; alguna luz de afuera tal vez provocó algún efecto en el vidrio. Un tanto extrañado, subió las escaleras hasta su habitación. Cruzó por las habitaciones de sus hijos, por el baño y se paró frente a la puerta de su dormitorio. Tomando aire, casi como preparándose para algo que había adentro, acechándolo, giro lentamente la manilla de la puerta y la abrió con sumo cuidado, evitando meter algún ruido para no despertar a su esposa. Años antes, en una tienda de antigüedades, X había comprado un espejo, que, desde el momento en que lo vio estuvo seguro que lo compraría y donde lo colgaría, específicamente en su dormitorio, en la pared del fondo, sobre el velador que estaba al lado de su cama, pero al lado de su esposa, es decir, que cuando alguien abierta la puerta de la habitación, se encontraría de frente con su reflejo. Con el tiempo, la imagen de su reflejo cada vez que entraba a su dormitorio se transformó en algo a lo que uno se acostumbra y espera, día tras día, noche tras noche.
Cuando abrió la puerta completamente y vio su reflejo en el espejo, recordó de manera inmediata su accidente, el insecto en el parabrisas, la ocurrida de la noche, el largo interminable del viaje a casa, la condensación en los vidrios y sobre todo, su reflejo en este, mirándolo con esa expresión horrible de alguien que acaba de ver algo espantoso. Ahora pensó incluso que en todo el tiempo transcurrido entre el accidente y ese momento, las veces que había visto su reflejo en la noche habían sido poquísimas o ninguna.
Frente a él, en el espejo que tanto tiempo llevaba en su dormitorio, junto a su esposa, en donde en ese momento debía estar su reflejo, estaba el de toda su familia. Así es. Su esposa, su hijo y su hija y el mismo, lo estaban mirando con la misma expresión del reflejo suyo en el auto hace tiempo.
El horror no se hizo esperar. Un grito desgarrador, como si le hubieran roto el alma, despertó a la esposa de X. Lo encontró tirado en el piso aterrado y paralizado. Los pantalones del pijama orinados y un sudor frio le brotaba de todo el cuerpo. Su expresión fue lo que más aterró a su esposa quien, obviamente, no vio nada extraño en el espejo. Realmente ni siquiera lo miro.
Trato en vano de calmarlo, el ataque de pánico era tal que no podía siquiera respirar. Un alboroto, llamadas a una ambulancia, vecinos alertados por los gritos llamando a la policía pensando que podía tratarse de algún crimen. Los niños llorando. La esposa de X hacía lo propio.

3.6                  De la X a la Z

Nada volvió a ser igual desde ahí en adelante. El barrio jamás logro olvidar aquel aterrador episodio que perturbo sus tranquilas vidas. La familia de X se desvirtuó por completo. Los hijos nunca volvieron a ser los mismos, no hubo cambio de casa que les ayudara un poco a superar tal acontecimiento. Su esposa fue la más afectada. Nadie entendía como una mujer tan fuerte como ella podía haberse visto tan destruida por esto. Un circulo sin fin de drogas y alcohol, aquello de lo que tanto había cuidado a sus hijos, se hicieron amigos recurrentes para ella. La familia había caído en el abismo definitivo.
Que fue de X es una pregunta que muchos nos hacemos, incluso aquellos que hemos tenido la oportunidad de hablar con el posteriormente a lo ocurrido. En los meses venideros de ese tormentoso 1998 lo único que se sabía era que en suceso había dejado a X totalmente ido de este mundo, le había tocado su fibra más sensible y la había destruido completamente. Había sido internado con estadía indefinida en un centro psiquiátrico de locación y nombre clasificados por alguna entidad con intereses particulares. Sin embargo, en el año 2001, miles de reportes médicos nominados como “secretos” fueron liberados en todo el mundo, entre ellos el de X. Es ahí donde se consigue dar por primera vez con el después de los hechos de 1997.

3.7                  Wastelands

Entre las limitadas entrevistas que existen, más limitado aun es el número de estas que pudieron ser grabadas. En estas se ve a X con un aspecto totalmente descuidado, extremadamente delgado, enjuto de carnes a más no poder. El cabello y la barba larguísimos y sin cuidado alguno. Y, para sorpresa de muchos, totalmente cuerdo.
“Bien, me siento bien”, contesta X a una de las preguntas de su entrevistador. “A veces los recuerdo con nostalgia, pero pienso que están mejor sin mi después de lo que paso“, responde al ser consultado por su familia, esbozando una leve sonrisa. Se muestra especialmente amable para responder las preguntas del reportero. Pero al momento de consultar en detalle por lo sucedido esa noche, su rostro cambia. Una oscuridad sin precedente sombrea su mirada, su respiración se hace lenta y sus manos comienzan a temblar casi pidiendo permiso. Explicar lo ocurrido le cuesta una enormidad; desde el insecto en el parabrisas hasta el emparedado en aquella noche. Parece que va a quebrar en llanto. Se contiene. Piensa en su familia y que no quiere que lo vean llorando, si es que alguna vez ven esta entrevista, en donde quiera que estén.
Los entrevistadores, en este punto de cada cinta, se ven sorprendidos de sobremanera. Era la primera vez que esta historia salía a la luz desde las entrañas de X.
“Tuve posteriores encuentros con estos seres después de esa noche… después de unos 50 encuentros deje de tenerles miedo… interactúe con el yo del otro lado varias veces. En ocasiones traía mensajes confusos (saca un papel);  odeim ut otneis, eres, aritnem anu sere, oim led aipoc anu se odnum ut… existen más pero son todos sin sentido como estos” admite X. “Muchas veces se me aparecía en el espejo del baño afeitándose mientras yo me peinaba… lavándose la cara mientras yo los dientes. Hasta el día de hoy lo veo. Me iré a dormir y ahí estará, en la ventana. Me hace pensar que no estamos solo en este mundo. No. No es eso. Más que en el mundo, este mundo es el que no está solo. Pensar que hay al otro lado de muestra realidad es para muchos inconcebible, lamentablemente. Lo era para mí. Pero ya no más. He aceptado que no somos tan únicos como nos creíamos, posiblemente somos la copia de otro mundo, o peor aún, invención de ellos.”
En los años venideros X escribió varios ensayos relatando su historia. Muchos fueron objeto de estudio en la comunidad científica, sin embargo, la cordura que le quedaba a X se fue acabando rápidamente y hoy en día no es posible realizar entrevistas por estrictas órdenes médicas.
Sea como sea, en uno de estos ensayos es donde desarrolla su teoría acerca de los mundos paralelos. En base a su experiencia, X argumenta que esta realidad no es única, que es frágil y que ya había sido concebida con anterioridad en alguna otro lugar que denomina como “dimensión”. ”No fuimos concebidos a imagen y semejanza de Dios, sino de otros que sí lo son, otros que están del otro lado”.

4. Holy Diver


“Holy Diver
You've been down too long in the midnight sea
Oh what's becoming of me

Ride the tiger
You can see his stripes but you know he's clean
Oh don't you see what I mean

Gotta get away
Holy Diver

Shiny diamonds
Like the eyes of a cat in the black and blue
Something is coming for you

Race for the morning
You can hide in the sun 'till you see the light
Oh we will pray it's all right

Gotta get away-get away

Between the velvet lies
There's a truth that's hard as steel
The vision never dies
Life's a never ending wheel

Holy Diver
You're the star of the masquerade
No need to look so afraid

Jump on the tiger
You can feel his heart but you know he's mean
Some light can never be seen

Holy Diver
You've been down too long in the midnight sea
Oh what's becoming of me

Ride the tiger
You can see his stripes but you know he's clean
Oh don't you see what I mean

Gotta get away
Holy Diver”

Ronnie James Dio, Holy Diver (1983)


Creado con el fin de tener una buena nota xD...

De la A a la X

1. De realidades, dimensiones y otros temas vacíos Existen múltiples teorías acerca de las universos y las dimensiones paralelas. M...