1. De realidades, dimensiones y otros temas vacíos
Existen múltiples teorías acerca
de las universos y las dimensiones paralelas. Miles de interpretaciones sobre
la realidad, sobre lo que percibimos como el mundo real, aquel en el cual nos
encontramos y se encuentra absolutamente todo. No existe consenso a la fecha
entre los entendidos en la materia sobre cuál es la más certera definición y/o
concepción siquiera de la realidad; ni de esta, ni por su puesto de alguna otra
posible. Algunos teóricos afirman que realidad es un todo. Todo lo que podemos
ver, observar y percibir. Dejando de lado aspectos extraterrenales y no
comprobables, llámese religión, espiritualidad o lo que sea. Otros aseguran que
este aspecto sobrenatural es parte de esta misma realidad, otros, que pertenece
a otra totalmente distinta. Algunos más atrevidos afirman que nuestra realidad
en realidad no existe y es meramente un producto del azar, una casualidad
cósmica aunada a fenómenos que escapan completamente a nuestro entendimiento y
que jamás comprenderemos. Nuestra realidad existió nada más que por una
fracción de segundo.
Yo personalmente creo en la
realidad como la unión de todas las percepciones sobre esta que las personas,
sociedad, gente o muchedumbre tiene. Para mí, es una construcción mental en la
que estamos inmersos desde siempre. Nunca fuimos fetos. Nunca nacimos. Nunca
crecimos. Nunca nos desarrollamos emocionalmente, nunca logramos conocer las
bondades del mundo y todas esas bazofias. No realmente, claro.
Jamás salimos realmente al mundo.
No sé exactamente dónde estamos
en realidad, ni es mi intención saberlo, pues esta “pseudo realidad” en la que
situamos nuestras vidas es lo suficientemente real como para que temas como el
citado no importen al fin y cabo.
Después de todo, nuestra
existencia tiene importancia solo para nosotros mismos. Me refiero a la
existencia de cada uno como individuo. Si realmente, en el fondo no nos importa
la existencia de los demás, el hecho de que si existe algo más allá de nuestra
realidad, algo que sí puede interactuar con el mundo real, y a este organismo
le importemos, es irrisoria.
Somos realmente miserables, y
nunca dimensionaremos realmente a qué grado.
1.1 Teóricos mis polainas
A pesar de enfrentarnos a un tema
de complejidad superlativa, de complejidad máxima, no está exenta de diversos
teóricos de casa, que sin estudio alguno se han aventurado a encontrar, ya sea
por iniciativa propia o por razones de fuerza mayor que escapan a su propio
entendimiento, el significado de realidad; que es nuestra realidad, nuestra
dimensión (acuñando incluso un mismo significado para realidad y dimensión).
Durante el siguiente ensayo,
escrito, blog o lo que sea, expondré algunas de las teorías sobre nuestra
dimensión que, hechas por personas sin estudio alguno en la materia, han
despertado el mayor interés de los científicos y hombre especializados. Ya que
si bien existen una gran cantidad de teorías basura, hay otras que sorprenden y
destacan por su gran lógica. ¿Estaremos ante los próximos genios de nuestra
sociedad? ¿Será posible que alguno de estos hombre sin absolutamente nada mejor
que hacer haya encontrado el sentido final e inequívoco de nuestra existencia?
Si algo podemos asegurar, es que la mayoría de las respuestas a estas
interrogantes es un no. Un rotundo no. Pero vale la pena al menos echarles un
vistazo.
2. Que va de la concepción del hombre
2.1 Inquietudes inusitadas
Desde hace tiempos inmemoriales
el hombre ha tratado de explicar su origen. No es ninguna sorpresa que las
primeras teorías concebidas por los seres humanos sean en esta materia, teorías
orientadas hacia la concepción del hombre, del porqué de nuestro universo, de
todo lo que conocemos. Como una suerte de propósito personal netamente
arraigado al sentimiento de soledad y el miedo a la inmensidad de lo
desconocido, nuestra especie se ha esmerado de sobremanera en descifrar qué
diablos hacemos aquí, por qué estamos aquí y no en otro lado. Quien se
beneficia con nuestra existencia. La primera teoría que nombrare, propuesta por
un hombre al que ya no recuerdo de un lugar que probablemente nunca existió,
hace referencia a este i9nstinto mas que primitivo y arcaico de encontrar
nuestro origen y nuestro propósito; y no solo el nuestro, si no el de todo lo
existente en esta realidad. Como preámbulo, es menester indicar, y más que
indicar decir fríamente, que la mayoría de las teorías representan explicaciones
que a la mayoría de las personas las harían romperse, les quebrantaría el
espíritu y dejaría completamente vacía ante la posibilidad de una verdad
aterradora y que rehúye de su comprensión.
Así pues, la primera teoría que
presento dice que no existimos. Sin mayores vueltas. Nada es real.
Absolutamente nada de lo que conocemos existe en verdad. Todos nuestros actos
carecen de importancia, las relaciones humanas son mera ficción, tus seres
queridos no existen en realidad. Jamás naciste, jamás morirás. ¿Qué hacemos
aquí? Nada. ¿Por qué estamos aquí? No lo estamos en realidad. ¿Quién se
beneficia con nuestra existencia? Nadie.
2.2 Crónica de una locura anunciada
Parece algo descabellado, algo
que borda la locura. Pareciera que es una mala broma jugada por un payaso de
esos que te aterran cuando eres niño, aquellos que a pesar de tener plena
conciencia en que son personas igual de patéticas que tú, tienen la potestad de
consumir tu alma y llevarte a un mundo donde estarás solo. Sin embargo, para el
teórico que ha concebido esta idea, es algo totalmente natural y que se veía
venir, según sus propias palabras. Argumenta que el hecho de no tener
respuestas claras para nuestro sentido en este universo, esta dimensión,
termino por mermar seriamente su fe, primero en la religión, luego en la
especie humana y finalmente en su propia existencia. Decía sentirse totalmente
vacío, falso. Ahí fue cuando considero su “no existencia”. Al principio fue una
idea, dice el hombre. Con el tiempo, esa simple idea se fue transformando en
una molesta piedra en el zapato. No podía concebir el sueño. No podía pensar en
su familia, la gente que había amado era cada vez menos real, todo se
desvanecía poco a poco. Todo y todos perdían sentido a medida que el tiempo
pasaba. El tiempo. El tiempo ya no existía para él.
Su vida, la que hace poco tiempo
había condenado al fracaso ante el inminente sin sentido de la realidad en que
vivimos, se le transformo en un suplicio, en una tortura peor que la muerte. Se
sentía solo estando rodeado de gente a cual había amado toda su vida y ya,
cuando más los necesitaba, no estaban ahí, no realmente. Su existencia
descendió por un torbellino de desgracia tras desgracia de cual se rehusaba a
salir, pues argumenta no tener sentido alguno resistirse a nada de lo que de
allí en adelante ocurriera, solo la muerte podría acabar con sus predicamentos.
O al menos eso pensaba él. Su vida, si es que se lo podía aun llamar de esa
manera, estuvo a punto de asesinarlo. Digo a punto porque se dio cuenta a
tiempo (a tiempo para su familia) que dejar de ignorar aquella idea concebida
hace un tiempo. Aquella que banalizaba hasta el grado más mínimo a su familia y
a él mismo. Solo cuando el hombre por fin acepto que él no existía, encontró
cierta paz. No dejaba de sentirme vacío, decía, pero ya no afectaba. Siguió
disfrutando con su familia aunque no fuera real.
Hizo su tétrica teoría parte de
su vida. Ahí es donde decide compartirla con el mundo, un mundo que
lamentablemente no estaba preparado para ella.
Un 25 de diciembre de un año que
no recuerdo, el hombre fue asesinado por fanáticos metalo-religiosos furiosos
por sus ideas anticristianas que según ellos mismo incitaban a una catástrofe
de proporciones bíblicas.
Hay que darse el tiempo para analizar un poco esta teoría. Aunque existe una gran posibilidad de que el hombre solo haya inventado sus síntomas y todo esto sean solo estupideces, la comunidad científica aun no logra demostrar por qué el hombre estaría, hipotéticamente, equivocado. No hay factores en la teoría que se puedan demostrar como falsos al tener esta tan poca base científica.
Hay que darse el tiempo para analizar un poco esta teoría. Aunque existe una gran posibilidad de que el hombre solo haya inventado sus síntomas y todo esto sean solo estupideces, la comunidad científica aun no logra demostrar por qué el hombre estaría, hipotéticamente, equivocado. No hay factores en la teoría que se puedan demostrar como falsos al tener esta tan poca base científica.
No solo por su particularidad
científica es importante esta teoría.
Lo cierto es que esta fue una de
las primeras en este estilo, según muchos, sentó las bases para las próximas
ideas, y su teórico, fue por supuesto un precursor y a la vez mártir para
muchos otros llamados desquiciados por la sociedad. Fue la primera en
establecer sin temor que nuestra dimensión no existe y de paso nuestra realidad
tampoco. Una idea que se repetiría por incontables teóricos en los años
venideros a su concepción.
3. De la A a la X
3.1 El feliz mundo de la escuela
La siguiente teoría nos remonta
al año 1997. El entorno de esta teoría parece sacado de la más cruenta película
de ciencia ficción, del más mórbido antro de penurias. Del más perturbador
video de Dross. Por razones obvias, omitiremos solo por esta vez el nombre del
teórico que pensó esta aberración, ya que aún se encuentra con vida, increíblemente.
Sin rastro alguno de cordura, pero vivo.
El hombre, a quien nombraremos
como X, era un profesor de educación básica. Un empleo común, una vida común;
casado y padre de dos hijos. Nunca fue muy alegre, recuerdan sus cercanos, pero
tampoco era un tipo antipático o excéntrico como lo quisieron ver después. Era
un hombre común y corriente. Datos que solo le dan a lo posteriormente
acontecido, connotaciones más que horridas. Si tan solo su familia hubiera
notado algo, si hubieran notado que algo no andaba bien con X, este tal vez
habría terminado sus días de otra manera.
3.2 El insecto en el parabrisas, acto I
Era la época de pruebas en el
establecimiento donde se desempeñaba como docente. Ansiedad, tensión,
nerviosismo. Por aquellos días se decía que el aire se podía cortar con una
navaja. Cercanos se aventuran a decir que esto influyó mucho en los
acontecimientos posteriores .Pero X era un hombre bastante responsable, de esos
que no dejan nada para último momento y que prefieren tener su vida lo más
controlada posible, personalmente creo que esto sí que fue un detonante para lo
venidero.
Como buen profesor, casi una
semana antes del final del año ya tenía todas las notas puestas. Cada examen
había sido correctamente revisado y corregido con precisión milimétrica por X.
Quedaban dos semanas para el fin de las clases y, salvo los exámenes de los
muchachos que habían faltado, el año había acabado para él. Por fin, después de
mucho tiempo, después de incontables horas en el aula, no tenía nada que hacer.
Dicen sus cercanos que esta desocupación fue un golpe horrible para X.
Así pues, el viernes 21 de
noviembre, X salía de la escuela hacia su auto, poniendo fin a su jornada
laboral semanal. Se despidió del portero deseándole buen fin de semana como
acostumbraba todos los viernes. Cruzó al estacionamiento de enfrente, donde
estacionaba todos los días su auto e imitando a malas ganas el día anterior, se
subió al auto y posterior ritual de encendido, manejo hacia su casa. Esa tarde
estaba particularmente oscura, para ser recién las 7 de la tarde, diría
posteriormente X, cuando aún podía articular palabras.
X tenía frio. No recordaba que su
automóvil fuera tan helado. X era una persona que calculaba cada acción que
pensara realizar. Jamás hacia las cosa sin pensárselas dos veces, incluso algo
tan simple como dar la calefacción de su vehículo, representaba para X motivo
de análisis, los pro y los contras de semejante acción. Sin despegar en momento
alguno los ojos del camino oscuro que lo separaba de su familia, X pensó cual
era la probabilidad de resfriarse en aquella época del año, su esposa le daría
un buen sermón si enfermaba antes de sus inéditas vacaciones. El camino se le
hacía más oscuro.
Deben ser altas, conjeturó.
Por otro lado, la calefacción
nunca lo había calentado realmente y, mientras las calles comenzaban a
desaparecer ante sus ojos para dar paso al campo, pensó si realmente servía de
algo su calefacción.
Cruzando un pequeño puente fue
cuando por fin comprendió la poca importancia que su decisión tenia y prendió
la calefacción, en el máximo de su capacidad.
Al avanzar más y más, la
condensación empaño sus vidrios. Obviamente, dijo X. Con un ojo puesto en el
camino y otro en la guantera, comenzó a hurgar en esta con su mano derecha con
la esperanza de encontrar alguno de los muchos pañuelos que su esposa guardaba
ahí, mientras que con la izquierda mantenía el manubrio, mano con la que según
él, no tenía habilidad alguna para manejar. Le costó más de lo pensado
encontrar algo que le sirviera para limpiar los vidrios. De hecho no encontró
nada, y, a riesgo de ser tildado de tacaño, desempañó el parabrisas con la
muñeca de su chaqueta, regalada por su hijo, según cuenta.
Al ver el camino, pensó en lo
mucho que sus pensamientos lo habían absorbido y de lo lento que paso el
tiempo. De lo oscuro que se había vuelto la tarde, a esas alturas ya noche, en
tan poco tiempo.
Ensimismado en sus pensamientos,
X volvió a la realidad cuando un mosquito reventó de manera estrepitosa en el
parabrisas, justo frente a él. Era un espécimen raro, azul de cuerpo y negro de
sangre, hace énfasis X. Después del correspondiente análisis en su cabeza, X
decidió limpiarlo en ese mismo instante. Le pareció buena idea porque ya había
entrado en la carretera y no había autos a la distancia. Se permitió despegar
un momento los ojos del camino. Miro hacia su izquierda para ver por la ventana
y posteriormente bajarla, estirar la mano hacia adelante y limpiar el
parabrisas, ya lo tenía planeado. Es un ejercicio simple, pensó. Pero antes,
vio que su vidrio lateral estaba empañado también, obviamente, reitero X. Tal
vez fue el azar, tal vez sus encarecidas conjeturas mentales, que lo llevaron a
limpiar el vidrio antes de bajarlo para después quitar el insecto. Si hubiera
sucedido algo distinto en su cabeza, tal vez nada de lo posterior hubiera
pasado.
X alzó el puño para limpiar el
vidrio. Partió desde abajo. Frotó en círculos la superficie transparente. Fue
subiendo hasta la altura de sus hombros, todo esto sin despegar aun la mirada
del frente. Llegó a la altura de su cara y más arriba. Listo, pareció decir X.
Miró nuevamente al vidrio para
ver si quedaba algo por limpiar y bajarlo.
Pero todo pareció sin importancia
cuando se dio cuenta que su reflejo en el vidrio continuaba con la vista al
frente. Y el tiempo se detuvo.
3.3 El tiempo no se detuvo
Se quedó paralizado. El tiempo
pareció dejar de correr para él. Pasaron segundos antes de volver si quiera a
respirar. Un sudor helado le recorrió la espalda desde arriba hacia abajo. Le
comenzó a escocer el cuerpo ante la transpiración broto como queriendo huir
corriendo de su cuerpo. Mientras su reflejo, como una jugarreta de mal gusto,
seguía sin mirarlo. Hasta que de pronto, esta le lanzó una mirada de terror,
una mirada que transmitía desesperación, una mirada que lanzaba un grito que
rompió los oídos de X, que rompió su alma y lo hizo olvidarse de absolutamente
todo. Lo dejó aterrado. Una luz cegadora apareció de frente. Una bocina. Un
camión. Una colisión.
3.4 El holandés errante
“Tenía los pantalones orinados”.
Con esas palabras X despertó. No tenía idea donde estaba, no tenía idea quien
había dicho eso. No tenía recuerdos ni siquiera de su encuentro con su reflejo.
Le dolía todo. No podía ni abrir los ojos, en sus propias palabras. Parecía que
lo hubiera arrollado un camión. Cuando hubo recuperado su conciencia, se
reencontró con su esposa, el doctor le explicó que paso y que fue eso de los
pantalones. En síntesis, de milagro no estaba muerto y aún más milagrosamente
no estaba inválido. Las vacaciones que había planeado canceladas. Sus hijos
tristes por ver a su padre postrado en un hospital, lleno de yeso, vendajes y
cables. Pero al fin y al cabo es mejor que estar muerto, se dijo.
El tiempo pasó. El recuerdo de su
accidente y que lo provocó pareció haber sido totalmente suprimido de la mente
de X. A los dos meses parecía que todo iba bien, su familia lo visitaba
constantemente y mucha gente conocida durante su labor en la escuela le enviaba
regalos y muestras de apoyo. No estaba solo. Para nada solo.
A los tres meses ya podía volver
a su casa. Como era costumbre, pensó detenidamente si era prudente tomar una
decisión que a todas luces le parecía apresurada. La piel de sus brazos y torso
estaba tan pálida como antaño, le recordó por momentos aquellos días en que
conoció a su esposa. Estaba al borde de caer nuevamente en el abismo de los
pensamientos sin fin y por qué no, a punto de recordar la terrorífica noche del
accidente, cuando por la puerta de la sala en donde se hallaba hospitalizado
entraron con apremio estruendoso sus dos hijos.
No le basto más para decidir. Volvería a su casa.
No le basto más para decidir. Volvería a su casa.
El cambio le costó. Adaptarse a
una habitación a la que había estado varios meses sin entrar siquiera le costó
más de lo que el mismo había premeditado. las lámparas de a cada lado de su
cama matrimonial le parecían de un tono horrendo, preguntaba constantemente por
qué compramos algo así, recuerda su esposa. Con frecuencia frenética
despotricaba acerca del rechinido de las puertas, no solo de las su dormitorio,
si no de las de toda la casa. Si bien era innegable que a estas les faltaba
algo de aceite, no se condecía para nada con las insoportables vociferaciones
que X lanzaba por su hogar, a niveles tales que su esposa lo debía hacer callar
cuando esto ocurría frente a sus hijos. El color de las cortinas, aquellas que
habían permanecido en esa casa prácticamente desde que ellos vivan en ella, le
parecieron de pronto horribles. Pero no terminó allí. Que la televisión era
demasiado grande, que la radio demasiado pequeña, que la ducha ya no calienta
como antes y un sin número de quejas tras quejas empezaron a hacer de la
estadía de X en su propia casa algo insostenible. Pero las cosas tomaron un
nuevo nivel cuando una tarde de sábado, la esposa de X volvió de hacer unas
compras y encontró a este en el baño quitando las baldosas de la pared
izquierda a puta de martillos, espátulas y otras herramientas que hacía años no
desempolvaba. Parecía que estuviera buscando algo escondido detrás de esas
baldosas, dice su esposa con nostalgia. Su afán por quitarlas era tan fuerte,
tan errático y desesperado, que la esposa tuvo que cerciorarse varias veces de
que su marido no estaba bajos efectos de alguna droga o del alcohol. Si bien
hacía tiempo que X no consumía una sola gota de alcohol, su comportamiento
sembraba muchas dudas en su esposa. Y realmente esta preferida que fuera por
alcohol antes que el desfile de posibles drogas que pasaban por su cabeza que
podrían haber producido un efecto similar en su marido.
Cuando aún le quedaba un mes de
reposo a X, su esposa decidió que la mejor decisión era cortar la toxica
relación entre su marido y su casa de manera definitiva. Por su puesto, X,
quien como acostumbraba, había pensado muchísimo sobre el tema, y, al tratarse
de algo tan delicado lo había pensado el doble, se negaba rotundamente a la
idea, argumentando que el sobrepondría a la situación y que hallaría la forma
de volver a reencontrarse con ella. Decía que no era bueno para los niños
haberlos despedirse de sus amigos del barrios por problemas que acarreaba el.
Sin embargo, a su esposa no le parecía conmover en lo más mínimo nada de esto.
Se sentía responsable por su familia en ese momento y debía tomar la mejor
decisión posible. Sus hijos podrían hacer nuevas amistades, pero su marido no
podría continuar su vida si su propia casa lo estaba volviendo loco.
La decisión ya estaba tomada. Se
irían de allí
3.5 Después, olvidaré
De a poco la vida de X se tornó
de un color rojizo. Para el la culpa siempre fue de ese color. Siempre lo
relacionó con los tonos rojizos que uno puede encontrar en una iglesia que,
aunque no era especialmente un hombre religioso ni menos apegado a dios,
siempre le parecieron lugares fascinantes.
Aquellos momentos con sus hijos
que disfrutaba más que nada en el mundo, ahora lo hacían pedazos por dentro. No
podía soportar la idea de que los cambios inminentes que se avecinaban eran
producto suyo, todo era su culpa. Que sus hijos tuvieran que alejarse de sus
amigos de la infancia le partía el corazón. Que su esposa tuviera que cargar
con todo el peso de la casa y la familia lo afectaba aún más. Se sentía inútil.
Sentía que no encajaba más en su propio hogar.
Antes de caer en una depresión,
acordó consigo mismo no pensar más en ello hasta haberse recuperado totalmente
y volver a trabajar. Aunque era tarea nada fácil, trato de hacerlo lo mejor
posible.
Así pasaron los días y el éxodo
de X y su familia hacia otra casa se acercaba. Si bien no eran días buenos,
tampoco eran precisamente malos. Parecía que el hecho de aceptar la vida que
estaba llevando, le había aliviado un poco esta a X y de paso a sus queridos.
Todo parecía llevarse con cierta calma. Pero esta se rompería de la manera más
horrida.
Una noche, una de las ultimas que
la familia en esa casa, una de esas noches que parecen eternas, X no conciliaba
el sueño. Nada extraño a esas alturas para él. Los pensamientos sobre todo lo
que había pasado anteriormente lo atormentaban con mayor fuerza en la noche, en
la oscuridad.
Tras vuelta y vuelta en su cama,
resolvió bajar al piso de abajo, a su cocina, a comer algo. Se preparó un
emparedado de queso y se sirvió leche en un vaso. Trato de recordar de donde
había salido ese vaso pero fue inútil. Si bien lo conocía, no sabía de donde
había salido. Algún amigo en alguna fiesta, pensó.
Con entusiasmo sacado del
sombrero, devoró el emparedado y trago el vaso de leche a velocidad extrema. Se
limpió la boca con agua del lavaplatos y lavo ahí mismo los trastes que ocupó.
Cuando se dio vuelta para volver
a las escaleras, levemente, con el rabillo del ojo, vio su reflejo en la
ventana. Le pareció que algo andaba mal con él. Una segunda mirada le comprobó
que no había nada extraño; alguna luz de afuera tal vez provocó algún efecto en
el vidrio. Un tanto extrañado, subió las escaleras hasta su habitación. Cruzó
por las habitaciones de sus hijos, por el baño y se paró frente a la puerta de
su dormitorio. Tomando aire, casi como preparándose para algo que había
adentro, acechándolo, giro lentamente la manilla de la puerta y la abrió con
sumo cuidado, evitando meter algún ruido para no despertar a su esposa. Años
antes, en una tienda de antigüedades, X había comprado un espejo, que, desde el
momento en que lo vio estuvo seguro que lo compraría y donde lo colgaría,
específicamente en su dormitorio, en la pared del fondo, sobre el velador que
estaba al lado de su cama, pero al lado de su esposa, es decir, que cuando
alguien abierta la puerta de la habitación, se encontraría de frente con su
reflejo. Con el tiempo, la imagen de su reflejo cada vez que entraba a su
dormitorio se transformó en algo a lo que uno se acostumbra y espera, día tras
día, noche tras noche.
Cuando abrió la puerta
completamente y vio su reflejo en el espejo, recordó de manera inmediata su
accidente, el insecto en el parabrisas, la ocurrida de la noche, el largo
interminable del viaje a casa, la condensación en los vidrios y sobre todo, su
reflejo en este, mirándolo con esa expresión horrible de alguien que acaba de
ver algo espantoso. Ahora pensó incluso que en todo el tiempo transcurrido entre
el accidente y ese momento, las veces que había visto su reflejo en la noche
habían sido poquísimas o ninguna.
Frente a él, en el espejo que
tanto tiempo llevaba en su dormitorio, junto a su esposa, en donde en ese
momento debía estar su reflejo, estaba el de toda su familia. Así es. Su
esposa, su hijo y su hija y el mismo, lo estaban mirando con la misma expresión
del reflejo suyo en el auto hace tiempo.
El horror no se hizo esperar. Un
grito desgarrador, como si le hubieran roto el alma, despertó a la esposa de X.
Lo encontró tirado en el piso aterrado y paralizado. Los pantalones del pijama
orinados y un sudor frio le brotaba de todo el cuerpo. Su expresión fue lo que
más aterró a su esposa quien, obviamente, no vio nada extraño en el espejo.
Realmente ni siquiera lo miro.
Trato en vano de calmarlo, el
ataque de pánico era tal que no podía siquiera respirar. Un alboroto, llamadas
a una ambulancia, vecinos alertados por los gritos llamando a la policía
pensando que podía tratarse de algún crimen. Los niños llorando. La esposa de X
hacía lo propio.
3.6 De la X a la Z
Nada volvió a ser igual desde ahí
en adelante. El barrio jamás logro olvidar aquel aterrador episodio que
perturbo sus tranquilas vidas. La familia de X se desvirtuó por completo. Los
hijos nunca volvieron a ser los mismos, no hubo cambio de casa que les ayudara
un poco a superar tal acontecimiento. Su esposa fue la más afectada. Nadie
entendía como una mujer tan fuerte como ella podía haberse visto tan destruida
por esto. Un circulo sin fin de drogas y alcohol, aquello de lo que tanto había
cuidado a sus hijos, se hicieron amigos recurrentes para ella. La familia había
caído en el abismo definitivo.
Que fue de X es una pregunta que
muchos nos hacemos, incluso aquellos que hemos tenido la oportunidad de hablar
con el posteriormente a lo ocurrido. En los meses venideros de ese tormentoso
1998 lo único que se sabía era que en suceso había dejado a X totalmente ido de
este mundo, le había tocado su fibra más sensible y la había destruido
completamente. Había sido internado con estadía indefinida en un centro
psiquiátrico de locación y nombre clasificados por alguna entidad con intereses
particulares. Sin embargo, en el año 2001, miles de reportes médicos nominados
como “secretos” fueron liberados en todo el mundo, entre ellos el de X. Es ahí
donde se consigue dar por primera vez con el después de los hechos de 1997.
3.7 Wastelands
Entre las limitadas entrevistas
que existen, más limitado aun es el número de estas que pudieron ser grabadas.
En estas se ve a X con un aspecto totalmente descuidado, extremadamente
delgado, enjuto de carnes a más no poder. El cabello y la barba larguísimos y
sin cuidado alguno. Y, para sorpresa de muchos, totalmente cuerdo.
“Bien, me siento bien”, contesta
X a una de las preguntas de su entrevistador. “A veces los recuerdo con
nostalgia, pero pienso que están mejor sin mi después de lo que paso“, responde
al ser consultado por su familia, esbozando una leve sonrisa. Se muestra
especialmente amable para responder las preguntas del reportero. Pero al
momento de consultar en detalle por lo sucedido esa noche, su rostro cambia.
Una oscuridad sin precedente sombrea su mirada, su respiración se hace lenta y
sus manos comienzan a temblar casi pidiendo permiso. Explicar lo ocurrido le cuesta
una enormidad; desde el insecto en el parabrisas hasta el emparedado en aquella
noche. Parece que va a quebrar en llanto. Se contiene. Piensa en su familia y
que no quiere que lo vean llorando, si es que alguna vez ven esta entrevista,
en donde quiera que estén.
Los entrevistadores, en este
punto de cada cinta, se ven sorprendidos de sobremanera. Era la primera vez que
esta historia salía a la luz desde las entrañas de X.
“Tuve posteriores encuentros con
estos seres después de esa noche… después de unos 50 encuentros deje de
tenerles miedo… interactúe con el yo del otro lado varias veces. En ocasiones
traía mensajes confusos (saca un papel);
odeim ut otneis, eres, aritnem anu sere, oim led aipoc anu se odnum ut…
existen más pero son todos sin sentido como estos” admite X. “Muchas veces se
me aparecía en el espejo del baño afeitándose mientras yo me peinaba… lavándose
la cara mientras yo los dientes. Hasta el día de hoy lo veo. Me iré a dormir y
ahí estará, en la ventana. Me hace pensar que no estamos solo en este mundo.
No. No es eso. Más que en el mundo, este mundo es el que no está solo. Pensar
que hay al otro lado de muestra realidad es para muchos inconcebible,
lamentablemente. Lo era para mí. Pero ya no más. He aceptado que no somos tan
únicos como nos creíamos, posiblemente somos la copia de otro mundo, o peor
aún, invención de ellos.”
En los años venideros X escribió
varios ensayos relatando su historia. Muchos fueron objeto de estudio en la
comunidad científica, sin embargo, la cordura que le quedaba a X se fue
acabando rápidamente y hoy en día no es posible realizar entrevistas por
estrictas órdenes médicas.
Sea como sea, en uno de estos
ensayos es donde desarrolla su teoría acerca de los mundos paralelos. En base a
su experiencia, X argumenta que esta realidad no es única, que es frágil y que
ya había sido concebida con anterioridad en alguna otro lugar que denomina como
“dimensión”. ”No fuimos concebidos a imagen y semejanza de Dios, sino de otros
que sí lo son, otros que están del otro lado”.
4. Holy Diver
“Holy Diver
You've been down too long in the midnight sea
Oh what's becoming of me
Ride the tiger
You can see his stripes but you know he's clean
Oh don't you see what I mean
Gotta get away
Holy Diver
Shiny diamonds
Like the eyes of a cat in the black and blue
Something is coming for you
Race for the morning
You can hide in the sun 'till you see the light
Oh we will pray it's all right
Gotta get away-get away
Between the velvet lies
There's a truth that's hard as steel
The vision never dies
Life's a never ending wheel
Holy Diver
You're the star of the masquerade
No need to look so afraid
Jump on the tiger
You can feel his heart but you know he's mean
Some light can never be seen
Holy Diver
You've been down too long in the midnight sea
Oh what's becoming of me
Ride the tiger
You can see his stripes but you know he's clean
Oh don't you see what I mean
Gotta get away
Holy Diver”



